Por: Laura García.
Es innegable, la transición de la ‘Era Industrial’ a la ‘Era de la Información’ representa el acontecimiento más significativo del siglo XX, partiendo de la búsqueda de formas más eficientes de producir mercancías y acumular riqueza: la máquina de vapor, la sobre explotación del carbón al lugar preponderante del petróleo, la electricidad, implica poder; hasta el vertiginoso avance científico y tecnológico que sobrepasa la capacidad del cerebro humano de almacenar tanta información y de manejarla, implica crear máquinas que almacenen toda esta información; se pretende ser innovador, poseer intelectualmente el poder y seguir cambiando tecnológicamente para retener lo que es un estilo de vida, una dinámica que garantiza que se mantendrá un lugar por encima de los que no pueden llegar a innovar.Esto tiene una implicación social negativa, pues el poder que otorga el conocer y el manejar las nuevas Tecnologías, provoca que un individuo habilitado manipule el flujo de información y la altere. Manipular y dar a conocer, es una forma de recuperar el poder (o contrapoder), ejemplo: jóvenes preparados para hackear sistemas bancarios y obtener beneficios, de los que penetran sistemas altamente seguros como los gubernamentales, los que envían virus informativos, los que negocian con velocidad grandes cantidades de mercancías y dinero con una llamada telefónica.
Lo cual plantea enfrentamientos, pues mientras unos cuantos se resisten a usar la tecnología, otros le usan cotidianamente, y exhibe los desacuerdos; en uno de los textos se habla que un ejemplo de ellos lo tuvo España en el 2004 con los ataques al transporte público de pasajeros, pues sus sistemas fueron invadidos y alterados.Los controles, el poder económico y político, se refuerza; pues la propiedad intelectual de los que están en posibilidad de desarrollar proyectos, de ser innovadores, en un mundo en que la ciencia y la tecnología son fuerzas productivas definitivas, contundentes en países que proponen continuamente, generando riqueza y diferenciándose de países en los que únicamente se usa y consume esa tecnología; que por supuesto hace la gran diferencia entre ellos; no es fácil renunciar al poder político y económico que trae como consecuencia la innovación tecnológica y la posesión de bienes de este tipo que sí, definitivamente es un problema político de fascinación en la creencia, de que existe la democracia.
La cultura pierde sentido, dirección y lo gana el progreso tecnológico, y le hace perder a éste un perfil integral; es sencillo, pues es una ilusión para países como México, pues no cuenta más que con un muy restringido programa de apoyo para investigadores y en esos talentos se fija el extranjero que les ofrece oportunidades para crecer académica y profesionalmente provocando la fuga de cerebros.Encontrar un equilibrio en el contexto del saber humano (afectivo y científico), que se revaloren las formas del saber, porque se dice que uno pierde la objetividad y otro lo tiene como norma, permitiría acercamientos; percibiremos la realidad, pero nos permitiría la comprensión involucrada y cierta de algunos fenómenos y quizá calificar de otra manera a los avances científicos y tecnológicos. Insisto es un trabajo complementario, ayudaría a abrir el ángulo de visión y sensación sobre dichos avances.




